sábado, 16 de enero de 2010

EL TRUCO

- Quieres saber el truco?

- Cuál truco?

- El truco… hace como un mes lo hice y quiero que tú lo hagas.

- estás raro, qué te pasa, ya no me gusta jugar contigo.

- me tienes envidia?

- no, fastidio- diciendo esto Joshua se levantó, y se alejó temblando de su único amigo.

Joshua –de no más de 10 años - había notado el cambio tan tremendo que había experimentado Jason –con 11- el último mes de ser el último en la clase pasó a ser el mejor, de aguantar golpes de los más grandes pasó a golpearlos, de ser uno más en la escuela pasó a ser el “ojos rojos”. Todo el colegio conocía al ojos rojos, el “niño nuevo”, lo que nadie sabía es que siempre había estudiado en la escuela. Robert ya no era el niño invisible que Joshua sí era.

- El truco…imbécil!!! No sé cómo va a ser mañana en el examen, si más tonto en mate no puede ser- Joshua repetía una y otra vez lo mismo, el resentimiento contra Jason no lo dejaba tranquilo.

Esa noche Joshua no podía dormir, estaba fría, estaba triste… estaba solo. Escuchó un murmullo en su cabeza entonces se incorporó en la cama y pudo distinguir voces de niños diciéndole “quieres saber el truco?” “aprende el truco”, el corazón de Joshua latía tan rápido que su palpitar lo sentía en los oídos, quiso levantarse de la cama pero una imagen clara y oscura lo dejo inmóvil, un niño estaba frente a su cama, era Jason, quien tendió su mano y le preguntó “en realidad no quieres saberlo?”

A la mañana siguiente Joshua despertó con una fiebre tremenda, sus padres insistieron que faltara a la escuela, pero él se negó a hacerlo, tenía un asunto que arreglar con Jason.

El examen fue a primera hora y Jason no aparecía, todas las sillas estaban organizadas y el profesor se disponía a entregar la hoja del test, en la puerta apareció el “ojos rojos” con una sonrisa enigmática, miró fijamente a Joshua mientras se acercaba a él y le dijo:

- Es una lástima que no hayas podido dormir bien y por cierto no te afanes… me exoneraron del examen.

Joshua sintió caerse en un abismo, cómo era posible, cómo lo sabía, que maldita cosa era “EL TRUCO”, tan ridículo como sonaba.

- Dime el truco- dijo Joshua a Jason,- por favor, dimelo…-

Jason sonrió y contesto:

- Claro, todo por la amistad. Acompañame.

Jason llevó Joshua a un salón vacio y dijo repite después de mi:

OH SATUM, MORTEN NOVA IMNUS POTENTE

JOSHUA TECTUM NOVA FORTEM; ARIDE IN MI CURPUS POSESUM…

Repitieron algunas otras palabras más y Joshua conoció…

Y vio el cielo y la tierra y conoció los horrores del infierno y vio las personas como tú y como yo lamentándose entre lava caliente, suplicando perdón por su codicia, vio también unos pocos amarrados con cadenas a las paredes y demonios atormentándolos eternamente, sintió el máximo terror que jamás hubiese podido experimentar un persona y vio más mucho más… cosas que tú también puedes ver.

Quieres aprender el truco…? Es fácil… contáctame. http://stamtaparanormal.blogspot.com/

viernes, 15 de enero de 2010

“DEBO CUMPLIR MI RONDA”

Carlos, un humilde obrero, había quedado sin empleo meses atrás y se encontraba absolutamente desesperado por conseguir uno nuevo. Su familia moría literalmente de hambre.

Ese día Carlos creyó que iba a ser el más feliz de su vida, que por fin sus problemas se resolverían... lamentablemente aconteció todo lo contrario.

Una empresa de vigilancia había llamado a Carlos para que hiciera unas rondas nocturnas en una popular urbanización. Él aceptó con lágrimas en los ojos, lágrimas de felicidad. Hizo planes durante toda el día, acerca de su vida y la de su familia. Por fin esperó pacientemente la noche.

La noche de su primer –y único- turno era fría, una espesa niebla cubría las calles, y un extraño y casi imperceptible sonido similar a un lamento inquietaba a Carlos, en especial cuando su ronda iba a dar al segundo parque de la urbanización. En aquel parque lleno de grandes árboles la luz de la luna se hacía prácticamente impenetrable, además sólo funcionaban algunas lámparas. Allí, los lamentos se hacían más fuertes.

Era la tercera vez que Carlos pasaba por el parque en sus rondas y el quejido se hizo fuerte, era una especie de llanto reprimido. Una ráfaga de viento atravesó el parque y Carlos sintió que su despavorida alma deseaba escapar de su cuerpo. Sin embargo cerró fuertemente los ojos y respiró profundamente. El tiempo parecía detenerse, Carlos pensó en su familia y entonces corrió tan rápido como pudo.

Dos cuadras más adelante Carlos se detuvo, hizo el intento de irse lo más pronto para su casa, con su familia, pero... perdería su trabajo.

Lloró amargamente y descansó. Su última ronda era a las 3 am.

El tiempo avanzó lentamente.

El reloj marcaba las 3 de la madrugada, Carlos no paraba de temblar, una furtiva lágrima rodó por su rostro y levantándose de la
Silla fue en camino hacia su última ronda... la última.

Anduvo a lo largo de oscuras calles, despacio muy despacio, esperando el momento en que apareciera aquel lejano quejido... de repente un murmullo se apoderó de su cabeza y retumbaba un quejumbroso eco en el espacio. Carlos había llegado al parque.
Se encomendó a la virgen y empezó a caminar, hasta que súbitamente se detuvo. Un pequeño niño de piel trigueña y aproximadamente 6 años se acercaba a él con las manos en el rostro.
- ¡Niño!...¡Niño!- repitió Carlos.
El niño destapó su rostro dando a la luz una tez pálida y saltones ojos de párpados caídos que reflejaban un cuerpo o un alma cansada, y dijo a Carlos:
- Señor, acompáñeme a mi casa, está al otro lado del parque.
Carlos sintió desfallecer, no podía correr... no podía moverse. No pudo hacer nada.
El niño lo tomó de la mano y atravesó el parque junto a Carlos, quien parecía no pertenecer ya a este mundo.


Al día siguiente encontraron a Carlos de pie, a la salida del parque, tenía los ojos enfocados en su mano derecha que estaba empuñada como agarrando algo. Él sólo murmuraba una y otra vez... “debo llevarlo a casa, al otro lado del parque, al otro lado del parque, al otro lado del parque”.

Ahora él está internado en un psiquiátrico. Cuenta su historia sin parar... y al terminar dice “debo cumplir mi ronda”, se levanta y se va caminando de la misma forma como lo hallaron a la salida del parque la noche de su última ronda.

¿CON QUIÉN DUERMES?

En realidad no sé que tan cierta sea esta historia, sin embargo la he escuchado más de una vez.

Cuentan que era un niño miembro de una numerosa familia. Apenas alcanzaba los 6 años de edad; era bajo, no muy bien parecido, la vida no le favorecia, pues su físico no inspiraba la dulzura que el de sus demás hermanos. Él más bien era de piel arrugada a causas de un extraño hongo que le atacó al nacer, tenía los ojos desviados y algunos de sus dientes no crecieron correctamente, caminaba con cierto desaliento que lo mantenía en una posición jorobada, algo anormal para un niño de sólo 6 años. Sin embargo lo que no le dieron en belleza física se lo otorgaron en un inmenso amor hacia todos, amor que no era correspondido.

Sus padres lo trataban con desprecio, era al último que le daban de comer y muchas veces era la sobra de los demás, él sin embargo miraba a su madre y sonreía con cierta ingenuidad y cariño como agradeciéndole el hecho de ser alimentado, ella por otra parte le devolvía una mirada de desprecio en acto déspota como deseando que tan horripilante criatura nunca hubiese nacido de sus entrañas. Él por otro lado siempre buscaba ganarse el aprecio de sus padres y hermanos halagándolos. En ocasiones se acercaba a su madre sin que ella lo notara y le pasaba sus manos por las mejillas , ella sentía de inmediato repugnancia y lo castigaba, pues las manos del niño estaban llenas de llagas, producto del extraño hongo que se había apoderado de su cuerpo. Él adoraba los castigos de su madre porque era la única forma que ella le dirigiera la palabra y se atreviera a tocarlo no importando que fuese para golpearlo, él sentía que cada golpe era un TE AMO.

A él nunca le celebraron un cumpleaños, esos días eran como cualquier otro, incluso peores, nunca fue a la escuela, y sólo salía a la calle cuando sus padres en castigo lo mandaban a pasar la noche durmiendo a un lado de la puerta de la entrada, él sin embargo sólo los miraba y sonreía con esos ojos tan dulces y al mismo tiempo llenos de dolor. Lo que nadie nunca supo era que en esas heladas noches que pasaba en su pequeño y desaseado cuarto sólo deseaba que su madre le dijera ¿quieres dormir con nosotros?.

En una noche nublada y obscura, pues no había luna, el niño sintió un extraño ruido que provenía de debajo de su cama, y como cualquier otro niño se llenó de pánico, camino a lo largo del tenebroso pasillo, muy despacio, hasta llegar al dormitorio de sus padres y entre la oscuridad les preguntó “¿puedo dormir esta noche con ustedes?... es que tengo mucho miedo”... miró y esbozó una sonrisa esperando una dulce respuesta, pero lo que sucedió después fue realmente macabro, su madre se levantó enfurecida y tomó al niño de la cabeza y lo golpeó sin compasión, le golpeaba la cabeza contra las paredes mientras repetía “¡¿no entiendes que eres un estorbo, que estás mejor muerto?!” él sólo alcanzaba a levantar sus llagosas manos y tratar de soltarse de la furia de su madre, pero todo fue inútil, lo llevó a un rincón y lo siguió golpeando hasta causarle la muerte –algunos se atreven a asegurar que el niño murió con esa misma sonrisa que ya parecía parte de su cuerpo y de su alma -.

La cuestión radica en el hecho de que algunas personas, se despiertan a media noche o en la madrugada y sienten un extraño y escalofriante miedo, extienden sus manos y allí está es un cabello suave algunas veces largo y otras corto, una personita no muy grande más bien pequeña y acurrucada los acompaña, una personita que busca el amor de una madre.

Por eso te digo que no sientas miedo cuando duermas sola, lo único que debes repetir en voz baja es “¿puedo dormir contigo?”... y él vendrá a hacerte compañía, esbozando su cálida y tierna sonrisa. No lo olvides nunca más dormirás sola...

¡AMIGO!

Bryan y Jhoss eran los mejores amigos, donde uno estaba el otro iba, cuando no se veían se extrañaban, de verdad que parecían hermanos, cada uno de ellos consideraba al otro como el hermano que nunca tuvo.

Bryan de 10 años y Jhoss de 9 decidieron pedirles a sus padres que les compraran unos Boy- Talking para mantenerse comunicados entre sí cuando no estuviesen juntos, especialmente en las noches. Sus padres accedieron y les compraron los aparatos.

Un día como cualquiera Bryan se le ocurrió penosa la idea de jugar con los Boy- Talking en una gran casa abandonada que estaba en la misma cuadra en la que ellos vivían, y así lo hicieron. Nunca habían entrado allí porque alrededor de esa casa se tejía cualquier cantidad de historia tenebrosas, algunos decían que allí una familia entera fue brutalmente asesinada, otros decían que el jefe de la familia que allí vivía tenía pacto con el demonio y entregó a todos sus hijos en un sangriento ritual y que luego arrepentido por lo hecho se quitó la vida. En fin nadie sabía a ciencia cierta lo sucedido en esa casa.

Bryan y Jhoss corrían por las escaleras y se decían uno al otro

-“AMIGO, ESTOY EN EL CUARTO- CAMBIO”

-“YA VOY PARA ALLÁ AMIGO- CAMBIO”

-“AMIGO, HAY UN VIEJO ARMARIO VEN PARA ACÁ ,AMIGO- CAMBIO”

-“YA VOY PARA ALLÁ AMIGO- CAMBIO”

Cuando estuvieron ambos en la habitación observando con extrañeza la forma de aquel armario y lo tétrico que era, escucharon como alguien más subía por las escaleras “¿pero cómo era posible, había alguien más viviendo allí?”. Los pasos se dirigían rápidamente hacia la habitación, y ellos decidieron esconderse, Bryan fue el primero en hacerlo y se escondió debajo de la cama, pero como la cama era de un solo puesto Jhoss no pudo esconderse allí, por eso corrió hacia el armario, y allí se estuvo agachado.

Los pasos llegaron hasta la entrada de la habitación y la puerta se abrió, Bryan que estaba debajo de la cama trataba de ver quién entraba, pero no veía nada, y entonces tomo su transmisor y le dijo a Jhoss :
-AMIGO ¿VES ALGO?-CAM...BI...BI..O

-NO AMIGO NO PUEDO ABRIR LOS OJOS TENGO MUCHO MIEDO.

-TRANQUILO AMIGO

Los pasos ingresaron a la habitación, pero Bryan seguía sin ver nada, no se explicaba por qué si por lo menos debía verle los pies, entonces le entró un helado frío que se apoderó de sus huesos y su cuerpo le dolía, no podía moverse y sentía un nudo en su garganta, casi se estaba sin habla. Aquellos pasos parecían dirigirse directo al armario y al parecer Jhoss los escuchó.

-AMIGO VIENE PARA ACÁ ¿QUÉ HAGO?

Bryan no contestaba... lo único que escuchó Bryan fueron los desgarradores gritos de Jhoss, quién repetía una y mil veces “¡AMIGO AYÚDAME... AMIGO AYÚDAME, AMIGO!...” hasta que todo quedó en silencio.

Bryan no pudo salir de allí hasta después de 3 horas, su cuerpo no respondía, todo él era un entero temblor. Llegó hasta su casa aún sin soltar su transmisor y contó a sus preocupados padres toda la historia. Los padres de Jhoss junto con otros vecinos del barrio Prinston acudieron a la casa y por más que revisaron no pudieron hallar rastros del niño. Su sepelio se hizo sin cuerpo y la casa fue clausurada y con los años demolida.

Ahora yo tengo 45 años y conservo aquel viejo transmisor, en el que algunas noches escucho con claridad la voz de un niño quien me dice “amigo sigo aquí, hace un poco de frío, pero vamos a seguir jugando, sólo fue un susto, sólo fue un susto- CAMBIO”